Halloween (Gordon, 2018)

El cine de Slasher ha sido uno de los géneros mas influyentes en el cine de terror, teniendo su época de oro a finales de los 80’s y principios de los 90’s.

Reformuló la imagen del monstruo que imitaba y deformaba la imagen humana y crearon nuevos arquetipos de asesinos que aparentaban ser humanos o que por lo menos eso parecían. Se valió de las convenciones de las películas de serie B: historias violentas, tramas simples pero entretenidas y sobre todo un escaso presupuesto, y lo combinó con el género de suspenso y terror. Como resultado surgieron películas con personajes memorables que dieron identidad al género y a la cultura pop.

A pesar de la decadencia actual en argumento y personajes memorables de los slasher, han surgido pequeñas joyas que dan indicios de que el género aun no ha muerto, ejemplo de ello es la reciente Halloween (Gordon, 2018) que a pesar de no ser dirigida por Jhon Carpenter, ha dejado su sello de director y ha tenido una gran influencia como productor en esta nueva cinta.

La película se presenta como un cierre de la saga, que después de 40 años y mas de 6 fracasos fílmicos, nos muestra a una Laurie (Jamie Lee Curtis) y a un Michael Myers (Nick Castle) en la vetustez y el ocaso de una historia de obsesión. En un principio, ambos personajes son presentados como seres aislados, apáticos y confinados a espacios seguros. Esta narrativa deconstruye el arquetipo de sus personajes de la primera película y nos muestra una Laurie agresiva y psicótica y en el caso de Mayers, más sanguinario y violento.

Cabe resaltar que esta versión tiene una fuerte representación de la figura femenina, si bien en los slasher de los 80’s la mujer era la principal víctima, en esta versión se invierten los papeles y Laurie se convierte en la cazadora, simbólicamente representa la redención de aquellas victimas féminas de las versiones anteriores. Este intercambio de papeles se ve fuertemente reflejado en las secuencias, muy parecidas a la primera entrega, en las que los cortes y encuadres hacen que el espectador se involucre con el filme.

Por otro lado, Michael ya se ha ganado su lugar en la historia del cine y de la cultura pop, no solo por ser simpático sino también por las aportaciones como asesino al género de terror, en esta versión logra una de las secuencias, que, sin dudas, será de las más recordadas en el cine de terror y en el cine en general.

La narrativa le habla al espectador de las secuelas, quizá no tan profundas, de los vínculos traumáticos. Asechador y asechada son la representación de los traumas expresados de manera dual, mientras que Laurie refleja las secuelas de manera explícita con su exceso de protección y el posterior alejamiento de su familia. Por otro lado, Michael no lo habla, pero en cambio se refleja la ira y el rencor que ha acumulado durante 40 años, secuencias que justifican la manera de asesinar a sus víctimas.

Sin dudas será una historia relevante para el cine de terror que no tuvo que valerse del efectismo, aunque el guion siga cometiendo los mismos errores que muchas películas de terror actuales; chistes que no dan gracia y personajes secundarios poco agradables. La fotografía y el juego de luces nos recuerdan un terror clásico llevado a la modernidad, considerando las referencias al cine clásico de terror, Halloween (Gordon, 2018) se perfila como una de las mejores películas de terror del año, incluso, más que la película de terror del año es la herencia y el legado de Jhon Carpenter.

Comments are closed, but trackbacks and pingbacks are open.