Crítica a Resident Evil 2 Remake

Para entender Resident Evil 2 Remake (Capcom, 2019) es necesario revisar dos apartados que compondrían los posibles motivos del lanzamiento del juego, por un lado, está la ola de Remasters, remakes, reebots y demás “refritos” que alimenta la nostalgia de una generación que creció con un estilo muy particular de vislumbrar el terror en los videojuegos, y por el otro encontramos una estética sangrienta de carácter peculiar.

Es un hecho que vivimos en una época plagada por la nostalgia de una cultura que construyo una generación; de cómo entender la realidad, la sociedad, las relaciones humanas e incluso la misma condición humana, pero pareciera que los intentos de revivir esa época han pausado el progreso intelectual y artístico en la actualidad, un estancamiento reflejado predominantemente en el cine. Si bien los “refritos” no son cosa de la actualidad, han ganado bastante popularidad y justifican sus lanzamientos como una re interpretación moderna de la obra original, lo que implica un cambio en la forma y el fondo adaptándose a las nuevas herramientas tecnológicas. En muchas ocasiones el argumento cambia en la re interpretación, cuando esto es bien ejecutado puede hacer crecer la obra original e incluso superarla, por mencionar algunas encontramos The thing from de another world (Hawks, 1951) de Howard Hawks y The Thing (Carpenter, 1982), el remake de John Carpenter. Pero también puede suceder lo contrario, que no logran trascender ningún aspecto de la obra original y en el peor de los casos la deforman en un sinsentido, se podrían citar a muchas películas del cine actual, pero esa no es la finalidad de esta crítica. Es cierto que la gran mayoría de los productos de “refrito” están hechos con la finalidad de vender y obtener ganancias a corto plazo con el mínimo esfuerzo, a sabiendas de que existe un público que no solo lo consume, sino que también lo exige, y aunque algunas han logrado su objetivo al ser taquilleras no dejan de ser un producto que poco aportan a la evolución de la cinematografía.

En otro orden de ideas, la sangre y la putrefacción han sido una constante en la saga de Resident Evil (Capcom 1996), y quien mejor para explicar el estilo de la descomposición corpórea que David Cronenberg, maestro de “La Nueva Carne”. Este género instaura el uso de una estética basada en la deformación del cuerpo como motor metafórico de la condición humana. Se trata de una expresión artística que materializa los conflictos personales y sociales en tejidos y fluidos humanos, siendo este último una herramienta argumentativa que no solo incomoda al espectador, sino que también expande el concepto del terror al interior del cuerpo humano. Si bien, las convenciones del cine de terror habían habituado al espectador a la manifestación arque típica de los monstruos como entes externos que intentan menoscabar la figura humana, la estética de la nueva carne invierte esta concepción y hace del cuerpo humano la expresión de lo monstruoso. Un ente que se gesta y emerge del interior de manera grotesca genera más miedo que aquello que viene de afuera, podríamos mencionar películas como Alíen (Scott, 1979) o el Exorcista (Friedkin, 1973) en que la degradación y descomposición de la carne están supeditadas por el argumento narrativo del terror. Refiriendo al mismo Cronenberg, en cintas como Naked Lunch (Cronenberg, 1991) y The Fly (Cronenberg, 1986) hace uso de la transmutación del cuerpo humano como herramienta narrativa que cuestiona la condición humana, donde lo simbólico toma forma encarnada y conforme los cuerpos se vuelven obscenos los conflictos evolucionan.

Si bien, Resident Evil (Capcom, 1996) no usa hace uso de metáfora como herramienta narrativa, si hace uso de la estética encarnada retomando el concepto de lo podrido y lo lleva a la experiencia interactiva, dando como resultado las bases de las convenciones del Survival Horror. Teniendo como fuente de inspiración Sweet Home (Campcom, 1989) y Night of the living dead (Romero, 1968) da el siguiente paso en la evolución del terror, siendo Resident Evil 2 una versión mejorada y expandida de la primera entrega, lleva al género a otro nivel haciendo uso de un argumento simple pero efectivo que dependía más en la manera de administrar recursos y la habilidad del jugador para usar los escenarios a su favor. Pero quizá la mayor aportación de esta entrega al género fue mostrar la desfiguración humana, de este modo la descomposición progresiva es la excusa para desarrollar los acontecimientos y a su vez el ritmo del argumento. En la primera entrega los enemigos ya se encontraban desfigurados, en cambio, en esta entrega nos muestran el proceso de aberración con Marvin, Mr. X y por su puesto con las mutaciones de Willian Birkin. Considerando el motor gráfico de las plataformas a finales del siglo, esta segunda entrega se preocupa por mostrar a las criaturas más deformes, sangrientas y corrompidas, con el propósito de mostrar al jugador lo que pasaría si no logra cumplir con los objetivos del juego, de este modo el terror no solo se enfoca a lo que te enfrentas sino a lo que puedes convertir.

Resident Evil 2 Remake (Capcom, 2019) logra lo que su predecesor hace 21 años atrás y vuelve a reformar el género referenciando el estilo de los juegos modernos sin prescindir de la herencia de su propia saga, pero su mayor aporte se encuentra en la armonía entre la jugabilidad y la narrativa audiovisual que la tecnología actual ha permitido, explorando el hiperrealismo en el motor gráfico sin olvidar que parte del miedo emerge del entorno y la monstruosidad de los enemigos. Por su parte, el motor gráfico ha permitido vislumbrar cada detalle del apartado visual, suscitando una sensación de terror y asco a la vez, haciendo aún más explícita la estética de la nueva carne.

Nos encontramos frente a un juego que reconoce la herencia de la cinematografía y hace una remembranza a la esencia de su saga, una estética y un estilo que se actualiza y da el siguiente paso en el género, pero sobre todo nos recuerda que no le tengamos miedo a la oscuridad sino a lo que se esconde en ella. Yoshiaki Hirabayashi estuvo muy consciente de que no hace falta una trama compleja para contar una buena historia, sino que solo hace falta exhibir la belleza de la carne y el miedo que genera el acaecer de la vida. Este remake logra lo que pocos en general han logrado; marcar un punto y parte de cómo entender un género y colocarse como un estandarte de toda una industria, muy seguramente veremos su influencia en otros juegos en un futuro no muy lejano.

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