Death Proof: la violencia femenina

Por Samus

Durante la primera mitad del siglo XX, en la época del cine de oro hollywoodense nace el arquetipo de la mujer abnegada: un objeto de deseo, castrada y relegada a cumplir las fantasías y deseos del hombre, (Mulvey, 1975). A finales de los 70’s, junto con la proliferación del género Slasher, emerge el arquetipo de la Final Girl, una chica que se caracteriza por evitar todas aquellas tentaciones y vicios de los adolescentes, cargada simbólicamente de la virtud y la pureza, serán rasgos que al final le ayudarán no solo a sobrevivir sino también a matar al antagonista.

Recordemos que los arquetipos se nutren de la realidad: de lo que hacemos, cómo y para qué lo hacemos, así, estas representaciones funden la realidad y la ficción proyectando ideas e imágenes ligadas temporalmente a un contexto histórico y social. De este modo, el primer arquetipo: mujer objeto de deseo refleja como deber ser físicamente. El segundo: mujer virtuosa concibe cómo debe comportarse.

A finales del siglo pasado, se presenta un nuevo arquetipo de mujer atractiva con rasgos que comúnmente solían representar a hombres de acción: la fuerza, la valentía y sobre todo la violencia. Es precisamente esta característica que nos invita a reflexionar sobre el acto violento de una mujer: sobre otros, sobre los espacios y como medio de emancipación.

Uno de los ejemplos más cercanos a lo anterior es una de las películas poco consideradas en la filmografía de Quentin Tarantino, Death Proof (Tarantino, 2007). Para reconocer cómo el director empodera a sus protagonistas a través del ejercicio de la violencia es importante dividir el filme en dos partes. En la primera mitad, Tarantino expone y usa deliberadamente el imaginario de la mujer objeto a través de primeros planos a glúteos y senos pronunciados (sexualizada), un baile erótico hacia un hombre (objetivizada) y la necesidad de buscar ayuda de este (dependiente). Esta mujer servirá como motor que activa los deseos sadistas del antagonista quien terminará por, literal y simbólicamente, destrozar todo aquello que representa esta mujer.

En la segunda mitad se presenta un grupo de mujeres que se contrapone al primero, desde la forma de vestir, las actividades que realizan y el discurso que desembocará en la acción. En los ya conocidos guiones de Tarantino, personifica el arquetipo de mujer emancipada a través de conversaciones simples que revelan la complejidad social e interpersonal de las protagonistas: su trabajo, sus gustos y capacidades, su vida amorosa y sexual, su visión de los hombres y su preocupación de vivir en una sociedad que culturalmente las agrede. Tarantino repite la fórmula del hombre voyerista, cuya presencia emprenderá una persecución en automóvil cargada de representaciones sexuales. Dicho acoso finaliza cuando las chicas se reagrupan e inician una nueva persecución mucho más agresiva contra el antagonista. La búsqueda de venganza provoca una serie de acontecimientos destructivos que finalizarán con la muerte literal y simbólica del hombre misógino.

Si bien este filme se considera un homenaje a las películas de serie B, también cuenta con una lectura realista de la mujer agredida en distintos niveles que reacciona sin temor a ser violenta, inclusive la devela como una virtud al momento de defenderse. Así, sería absurdo cuestionar los daños ocasionados durante la persecución, primero porque es ficción y segundo porque la historia va de una venganza, así que resulta fácil justificar la violencia como medio de justicia.

Si bien en la realidad contamos con complejos sistemas judiciales y penales, cabe cuestionar el sentido de estos aparatos cuando no cumplen su función. Death Proof (Tarantino, 2007) es una muestra del desencanto con un sistema que ha fallado, así que no solo señala sus fallas sino también propone una solución poco común pero que en efectos prácticos funciona, así la delgada línea entre la ficción y la realidad se difumina. De este modo, si vemos al cine como un producto separado de la realidad entonces no tendría ningún efecto sobre el pensamiento y el hacer del espectador y por consiguiente carecería de algún sentido. Es por esto por lo que el cine no solo es un medio de distracción, también nos pregunta sobre qué estamos haciendo, cómo lo estamos haciendo y a dónde nos llevará.

El final de Death Proof (Tarantino, 2007) resulta satisfactorio ¿Porque no se sentirá de la misma manera en nuestra realidad social? Si la violencia fémina sólo es válida en la ficción, ¿Qué tendría que suceder para que en la realidad haya justicia sin recurrir a la violencia? y en el caso de que nunca llegara dicho acto ¿Porque se prefiere ignorar la agresión a mujeres y recriminar cuando ellas son las agresoras? Es tal vez por eso que los espacios públicos se vuelven espacios de lucha y ponen de manifiesto lo que nadie quiere ver, quizá así la sociedad se pueda apropiar de los problemas a cómo lo hace con los espacios públicos. Todas aquellas formas de “vandalismo” no son más que un síntoma de una sociedad que no quiere ver y qué no quiere escuchar. El cine puede llegar a ser la cara del desencanto de una sociedad como lo puede ser la destrucción del espacio público, en ambos casos nunca hay que olvidar el discurso y las motivaciones de dichos actos.

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