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Críticas
Terminator Dark Fate. La idiosincrasia de una generación

Terminator Dark Fate. La idiosincrasia de una generación

En el cine de los 80’s surge una tendencia a representar el futuro inspirada en los primeros avances tecnológicos en computación y las primeras advertencias públicas de un agujero en la capa de ozono. Cintas como Blade Runner (Scott, 1982), Mad Max, (Miller y Ogilvie, 1979) Akira (Ôtomo, 1988) e incluso Back to the future (Zemeckis, 1985) se sumaron a una oleada de cintas cuyo interés se enfocó en imaginar el siglo XXI como la cúspide tecnológica. The Terminator (Cameron, 1984) se une a esta oleada y logra destacar tanto técnica como argumentalmente.

Se trata de una saga que a través de su historia refleja la idiosincrasia de una época. En la primera a entrega, Sarah representa una generación que avanza a pasos agigantados en la tecnología del chip, obligada a adaptarse al inicio de globalización y la expansión tecnológica cuya ambición es económica, aspectos que en la cinta funciona como motivo del futuro post apocalíptico. La segunda entrega, a través de John se enfatiza una generación pesimista, ausente y fastidiada de su presente, bajo el estandarte del hastío transita a la era digital y crítica la tecnocracia bajo las manos del capitalismo. Si bien esta segunda entrega aumento los estándares de calidad técnica del género de acción y ciencia ficción, también conecta con una generación que ya no veía el futuro tan positivo a como lo hacía la generación de los 80’s.

Es importante mencionar que esta lectura generacional es para entender la más reciente entrega de la saga, Terminator Dark Fate (Miller, 2019). La crisis migratoria, los procesos de producción automatizados y la más reciente ola de feminismo son aspectos que resultan característicos al describir esta década y el eje de la trama. Esta nueva historia, opta por dar protagonismo a una mexicana perteneciente a los sectores más vulnerables, aspecto que se vuelve fatídico al tomar directamente el arquetipo de las telenovelas mexicanas en donde la condición de pobreza otorga la capacidad empática y por lo tanto de bondad, lo que limita el trasfondo del personaje. A pesar de este fallo, la mujer latina funciona para introducir la migración como metáfora entre los hacinamientos de inmigrantes en la frontera y las granjas de humanos construidas por las máquinas, es importante aclarar que su intención no es ser crítico con el problema migratorio sino más bien dirigir la mirada en las implicaciones sociales y culturales que conllevan, dando a entender que el presente no es muy diferente al futuro distópico.

Por otra parte, el reunir un equipo mayoritariamente de mujeres se convierte en un acierto al mostrar diferentes formas de la feminidad. De este grupo, Sarah es quien roba la mayor atención dado el peso que tiene en la saga, sumado a la imagen del empoderamiento femenino que ha generado dentro de la cultura popular junto con Ellen Ripley. Así, esta mujer madura se contrapone al personaje que alguna vez fue y que simbolizo la fertilidad, para convertirse en cazadora que no busca redención sino venganza, una figura pocas veces representada en el cine de Hollywood. Por último, cabe resaltar las constantes referencias de las primeras dos entregas en cuanto a las secuencias de acción, apartado qué es su mayor virtud al mantener la tensión del espectador con escenas constantes de acción.

Terminator dark fate (Miller, 2019) se une a la nueva oleada de cintas que continúan el legado que les dio un lugar en la cultura popular, olvidando aquellas secuelas, reboots y remakes de poca calidad técnica y argumental. Se puede considerar un logro no solo para la saga sino también como ejemplo para otras franquicias retro que pretenden revivir y sumarse a una clara tendencia de continuar la historia de sus personajes junto con el elenco original.

Por Samus